La maravilla del parto
“Muy bien, señora García, ¡PUJE!”, exclamó un entusiasmado médico mientras las uñas de Ana se clavaban en los brazos de Saul. Aquella parturienta gritaba al mismo tiempo que pujaba tal como le ensañaron en las clases prenatales. Apenas lograba ver la cabeza calva del doctor Ruiz entre sus piernas.






