El último secreto de un viejo
Mi abuelo tiene 95 años y su existencia en este mundo se ha vuelto algo complicada. Aquel hombre quedó reducido a un montón de tubos y cables que lo atan a seguir con nosotros. Se le dificulta el habla, pero cada uno de sus ásperos susurros tiene un peso tan severo que lo hace imposible interrumpir. A la familia no le gusta hablar de temas relacionados con la muerte, por lo que cada vez que voy de visita con mi padre solemos pasar la mayor parte del tiempo en silencio.

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