Relatos

El peor castigo

Magdalena tenía tan solo cinco años cuando la asesinaron. Una tragedia brutal. Incrustaron unas tijeras de jardinería a través de su ojo. ¡Qué forma tan terrible de morir! Dicen que fragmentos de su cerebro terminaron en el césped. Y que cuando las plantas florecen, si te sientas y escuchas con atención, puedes escuchar sus pensamientos emanando de las flores. Un eco de la muerte, o algo de ese estilo.

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El pueblo donde nadie podía morir

Mi trabajo como periodista requiere que viaje constantemente. Una parte de ese trabajo consiste en publicar una columna con mitos y leyendas de pueblos pequeños. No se trata de una labor objetiva en el mundo del periodismo, pero lo disfruto mucho. O al menos así era hasta que me topé con un pueblo llamado Madero Argento. Como versaba el mito, a nadie se le permitía morir en este sitio.

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Cerdícola

Le llamaban cerdícola a causa de una hendidura en la barbilla semejante a una trompa. Y una enfermedad pulmonar crónica que convirtió su ronca voz en una mezcla de chillidos y gruñidos no ayudaba mucho. Parecía un cerdo y, obviamente, el apodo no se lo pusieron de cariño.

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