Desde el color de los ojos hasta la textura de la cera en los oídos, los cromosomas son responsables de regular todas las funciones en nuestro organismo. Están formados por ADN, un código químico compuesto por secuencias de bases nitrogenadas.
Desde hace mucho tiempo la ciencia intenta descubrir si el envejecimiento de las células puede ser atrasado o, lo que sería ideal, revertido. Y hace poco se dio un pequeño paso más en dirección hacia la inmortalidad celular.
Los chinos han llevado oficialmente la ciencia a terrenos incomodos. Investigadores de la Sun Yat-sen University, en Cantón, modificaron el genoma de embriones humanos. El estudio, publicado por la revista Protein & Cell, confirma los rumores de que algunos científicos estaban llevando a cabo estos experimentos éticamente dudosos.
De entre los tres mil millones de pares de bases en el genoma humano, solamente un 2% en realidad codifica para las proteínas. Escondidos en las inmensas secuencias de ADN no codificante, responsables por la regulación genética, se encuentran los retrovirus que hemos adquirido a lo largo de nuestra historia evolutiva. Los virus suelen asociarse inmediatamente con enfermedad, pero no siempre es el caso.
En comparación con muchas otras especies, los seres humanos poseen genomas increíblemente semejantes. Sin embargo, las pequeñas variaciones en nuestros genes o ambientes pueden hacer que desarrollemos características que nos vuelven únicos. Estas diferencias pueden manifestarse de formas poco comunes, por ejemplo, a través del color de pelo, la altura o las características faciales pero, ocasionalmente, una persona o población desarrolla una característica que los diferencia claramente del resto de la raza humana.