Aquello que no puedo saber
Corre el año de 1918 y a 6 kilómetros de aquí, en el frente de batalla, un proyectil alemán rebota contra una roca. La fuerza del impacto es tal que termina atravesando el estómago de un hombre y destrozando el brazo a otro. Para cuando alcanza la mandíbula del tercero, el impulso no es suficiente para matarlo y el fragmento termina alojado en su cuerpo. El primer hombre está muerto, pero los otros dos llegarán pronto.

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