Novato, te escribe el Coronel Jacob Wayne de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Si estás leyendo esto, es extremadamente importante que continúes hasta el final. Tomará entre tres y cinco minutos, y es sumamente importante que leas con cuidado y sigas las instrucciones que se te proporcionan.
En mayo de 1970 la extinta Unión Soviética dio inicio a un proyecto bajo el nombre clave de “Pozo profundo de Kola” (Кольская сверхглубокая скважина). Aunque han transcurrido casi cuatro décadas desde que el proyecto fuera abandonado, la excavación se mantiene intacta hasta nuestros días, un pozo cuya profundidad supera los 2200 metros.
Hace días que no veo a mi esposo. A últimas fechas su agenda se ha vuelto terrible, los turnos en el trabajo son de 12 y 13 horas. Sin contar el tiempo que le toma conducir hasta su lugar de trabajo, un recorrido que agrega entre una hora y media y dos horas en cada recorrido. Para cuando llega por las noches, ya estoy dormida, y se va antes de que salga el sol. La compañía tiene una política muy estricta de no permitir llamadas telefónicas, por lo que me resulta imposible comunicarme con él durante el día. La Navidad pasada le obsequié un manos libres Bluetooth para que pudiéramos conversar mientras manejaba, pero hace casi un mes que dejó de funcionar.
Mi abuelo tiene 95 años y su existencia en este mundo se ha vuelto algo complicada. Aquel hombre quedó reducido a un montón de tubos y cables que lo atan a seguir con nosotros. Se le dificulta el habla, pero cada uno de sus ásperos susurros tiene un peso tan severo que lo hace imposible interrumpir. A la familia no le gusta hablar de temas relacionados con la muerte, por lo que cada vez que voy de visita con mi padre solemos pasar la mayor parte del tiempo en silencio.
La primera vez que me encontré con Dios fue tras una noche de mala suerte en Las Vegas, para entonces apenas me quedaba dinero suficiente para una taza de café y unos huevos fritos en un restaurante 24/7 que los lugareños solían llamar “el restaurante de la intoxicación alimentaria”.
Las vacaciones de verano en 2006 llegaban a su fin y me preparaba para otro año escolar. Mi familia tomó la decisión de ir a la playa poco antes que las vacaciones terminaran. Sin embargo, en el último día sucedió algo lamentable. Era de noche cuando mi familia fue a bañarse al hotel. A mí me tocaba hacerlo después de papá. Pero él jamás salió de ese lugar. Cuando abrí la puerta me encontré con su cuerpo mutilado, completamente bañado en sangre. Sí, papá se suicidó el 28 de agosto de 2006. Nadie supo sus motivos. Y, varios días después, tuve que regresar a la escuela aún traumatizado por lo sucedido. Ese año sería tan insignificante como el resto, estaba seguro.