Fúnebres pasatiempos
Arrasan con cualquier rastro, forman un breve resquicio y rebotan sobre el piso, hasta devorar a los insectos o sumergirse en un pedazo de carne blanda. La astucia también tiene un papel en el macabro juego, una ráfaga de balas se esfuma en el silencio y ninguna de ella se incrusta en mi cuerpo. ¿Dios o el Diablo? No lo sé, pero las calles se me hacen eternas.

Mis piernas pierden fuerza, cada vez más lento me aproximo hacia la calle contigua, quizás allá pueda perderlos de vista. Sin embargo, las cartas están echadas, mi pie tropieza con una pequeña trampa, ésta personifica el cansancio. Desesperado, escucho sus pasos, ellos se aproximan y cuando estén frente a mí ya no habrá vuelta atrás.
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