El precio del azúcar – Creepypasta
Si de niña me hubieran preguntado qué quería ser cuando creciera, ciertamente “artista pasando hambres” no estaría en mi lista de respuestas. Probablemente hubiera respondido que astronauta, presidenta o dinosaurio – después, al descubrir que los niños no se podían transformar en dinosaurios y que las niñas de piel oscura en Nueva Zelanda no se convierten en astronautas ni en presidentas, probablemente hubiera dicho que “enfermera” o “doctora”.

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