El día que la humanidad conoció a Dios
Yo estuve ahí. Lo vi con mis propios ojos. Vino del cielo acompañado por un ejército de soldados. Benefactores de tiempos inmemorables. Ángeles hermosos. Portadores celestiales del Evangelio. Vi cuando las nubes se abrieron y una columna de luz dorada bajó desde el cielo. Brillaba con tanta intensidad y elegancia que no tenía dudas: era obra de Dios.

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