No excaves en la tierra
Ésta es una historia completamente verdadera.

Era noviembre. Mi amiga Clara y yo, vivíamos en el mismo pueblo, y esa tarde habíamos quedado para coger muestras de tierra para un trabajo que debíamos hacer en clase de Biología. Nos entretuvimos mucho hablando y jugando sin darnos cuenta de que empezaba a caer la noche sobre los solitarios campos de Montejícar. Dándonos prisa excavamos por diferentes lugares para coger tierra. En un inesperado instante mi amiga gritó: ¡mira lo que hay aquí! y efectivamente, había algo. Era una muñeca. Era aterradora, todo hay que decirlo: pelo rojo, ojos casi desencajados, y lo más chocante era su profunda seriedad, algo extraño en muñecas para niñas. Allí se hallaba semienterrada y vestida de blanco. Pero en fin, allí se quedó. Al emprender de nuevo el camino a casa, Clara, empezó a sentirse mal. Yo la cogí de la mano y nos fuimos al pueblo hasta llegar a su casa. Fue la última vez que la vi viva. Esa misma noche, 1 hora después, más o menos, su madre llamó muy tarde a casa llorando diciendo que Clara se estaba muriendo en un hospital. Yo me enteré de la horrible desgracia al día siguiente. Efectivamente, Clara, había muerto esa noche, sin ni el más mínimo previo aviso de falta de salud en sus días anteriores. «Una niña de 9 años muere en Montejícar sin causa aparente» decía la prensa un día después del suceso. El pueblo entero acudió a darle el último adiós.
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