Al comenzar el año Felipe Calderón anunció un programa de 2 mil 500 millones de pesos para financiar a 23 mil aspirantes a la educación superior, y lo festejó como un apoyo que redundará en beneficio del país. Pero las becas tienen una trampa de tres bandas (como se ha hecho evidente en Chile, donde se aplica el mismo modelo): “beneficiarán” sólo a un reducido sector de la clase media, no a los desposeídos de siempre; la banca –que gestionará los créditos– acabará por cobrar hasta tres veces lo prestado… y finalmente el dinero irá a parar a universidades privadas. Es decir, “el primer paso en firme para privatizar la educación en México”.
Carlota de Bélgica, poseedora de una vasta preparación intelectual y amplia cultura, supo asumir con seriedad sus deberes imperiales desde que navegaba a bordo de la «Novara» hacia tierras mexicanas. Una vez instalada la casa imperial en el Castillo de Chapultepec, participó activamente en la política interna del imperio, convocaba al gabinete durante las ausencias de Maximiliano, intentó convencer al nuncio apostólico mexicano de respetar la libertad de cultos e incluso elaboró un proyecto de constitución.
Maximiliano aceptó la corona del segundo imperio mexicano ante la adulación de los monarquistas mexicanos y apoyado por conservadores radicales y el clero. Contrario a lo que éstos esperaban, las políticas de Maximiliano se acentuaron en su contra: ratificó las leyes de Reforma, decretó la libertad de cultos y se negó a devolver los bienes a la iglesia.
A pesar de que nunca ofreció ninguna solución práctica para erradicar la situación de pobreza e ignorancia de la población indígena, ante ellos se mostró paternal, devoto y caritativo, llegó incluso a expresar que eran lo mejor que el país tenía.
LO MALO: Imprudentemente inepto.
Maximiliano entró a la ciudad de México en junio de 1864 mancillando la soberanía del país. Sabiéndose apoyado por las bayonetas francesas, tuvo el atributo de mostrar sin pudor su ineptitud y gobernar sin satisfacer a nadie; despilfarró las escasas rentas del erario y emprendía viajes al interior supuestamente para examinar de cerca la situación del país, o para a cazar mariposas, dejando a Carlota frente al gobierno.
A Rubén Abarca lo conoce todo el bajo mundo, dice Cynthia Jáuregui, una modelo con aires de Gatúbela: grandes senos, top, shorts, mallas, botas negras de cuero y boca roja como si acabara de morder una granada. Desde hace cinco años ella es una de las 2,000 mujeres que controla Abarca, un ex futbolista del América.
¿Quién es Abarca? En el mundo de managers, publirrelacionistas y actrices que lo frecuentan hay opiniones diversas: «Un güey que siempre trae viejas buenas a los bares», dijo alguien. «Un padrote», aseguró otro. «Un tipo que abusa de las chicas que le trabajan», indicó alguien más. Un día, llegué a oír algo peor: «Es un tratante de blancas.»
Él, en cambio, es conciso: «Soy un hombre de negocios.»
Miguel Hidalgo y Costilla contaba con una inteligencia superior a sus contemporáneos. Hablaba francés, italiano, tarasco, otomí y náhuatl. Estudioso de letras, artes, ciencia, economía, política y teología. Era apodado «el zorro» por su inteligencia para argumentar y resolver disputas. Como párroco, fue solidario y caritativo con los indígenas, estableció talleres para desarrollar en ellos diversos oficios y llegó a pagar sus deudas. Erudito, carismático y encantador, se ganaba el cariño y la admiración de quienes lo rodeaban.
Movido por sus ideales de libertad, abandonó el púlpito para invitar al pueblo a luchar por la Independencia. El valor y el arrojo con el que encabezó la lucha lo convirtieron en «el padre de la Patria».
LO MALO: Saqueo, excesos y muerte.
La manera improvisada en que dio inicio el movimiento de Independencia provocó que Hidalgo aceptara en sus filas a todo aquel que quisiera hacerlo, incluyendo criminales. Toleró el saqueo, la rapiña y el asesinato argumentando que el rigor volvería odiosa la causa para los rebeldes y que la posibilidad de saqueo y de venganza era para ellos un aliciente.
Hidalgo, sigilosamente y sin formarles proceso alguno, ordenó el asesinato de más de 300 prisioneros españoles, quienes eran degollados por José Marroquín, ex convicto liberado y mozo a su servicio.