Estas estructuras fueron encargadas por el presidente fundador Yugoslavo Josip Broz Tito entre las décadas de los 60s y los 70s, conmemoran los sitios donde las batallas de la Segunda Guerra mundial tuvieron lugar (como Tjentište, Kozara y Kadinjača), o donde fueron ubicados los campos de concentración (cómo el de Jasenovac y Niš).
Un aventurero, inventor y fotógrafo escocés llamado Neville Colmore afirmó haber construido un dispositivo capaz de «… desprender el velo de las hadas …». El dispositivo, que él llamó «Spectobarathrum«, producía hermosas placas fotográficas a las que llamó «fatagravures«, mediante de un proceso perdido. El «Spectobarathrum» original, junto con todas las imágenes que él afirmaba haber tomado se creía destruido en un incendio.
Estas imágenes asombrosas no se deben confundir con un trabajo posterior, y más familiar, las fotos de Cottingley del jardín de hadas basadas en la película de 1998 «Fairy Tale – A True Story». Las fotografías de Cottingley fueron publicados alrededor de 1918. Estas se publicaron en 1890. Se presentaron en conferencias científicas y, en general ignoradas.
El mito de los extraterrestres viene en aumento desde hace un montón de tiempo, las historias de abducciones son quizá la «evidencia» más escalofriante de seres que nos visitan de otros planetas. Pero hay supuestas pruebas que son mucho más contundentes, las fotografías de extraterrestres.
Y es que son tantas las historias, personas y recursos que se dedican al tema de los alienígenas, que ha dado material suficiente para que se tejan grandes engaños y se cuenten historias llenas de fantasía y ciencia ficción. Estas son algunas fotografias de extraterrestres que hasta la fecha siguen siendo consideradas por muchos como reales.
Susan Sontag tiene toda la razón cuando afirma que desde que se inventaron las cámaras en 1839, la fotografía ha acompañado a la muerte. Por su naturaleza de capturar lo efímero, de perpetuar un momento único, el arte-técnica de fijar imágenes en placas de distintos materiales ha estado unido a los ritos funerarios. Somos materia, huesos y piel que se corrompe, que desaparecerá una vez que muramos, por lo que haremos todo lo que esté a nuestro alcance para dejar alguna prueba de nuestro paso por este mundo.
Mouners, Padres dolientes. Daguerrotipo, EE.UU., alrededor de 1850.
Durante cinco años, aparentemente sin fin, una antigua escuela de Phnom Penh, con nombre en código S-21 fue la antesala de la muerte. Durante los peores excesos de los jemeres rojos, más de 16.000 personas fueron torturadas y encarceladas en las habitaciones de esta prisión antes de ser ejecutados en campos cercanos. Y la mayoría de ellos pasó por delante de la cámara de un adolescente.
Nhem Ein tenia sólo diez años cuando salió de la granja de la familia y se unió a los jemeres rojos, junto con sus cuatro hermanos en 1970. En 1975, fue enviado a Shanghai para estudiar fotografía y cine, y posteriormente se hizo fotógrafo jefe de la S-21. Usando cámaras robadas, describió meticulosamente la crónica de la vida dentro del matadero de Pol Pot.
Si las maquinas de matar del Brother Number One funcionaron a la perfección, se debió a la ayuda de miles como Nhem Ein, que trabajó incansablemente para mantener los engranes bien engrasados. Mientras quitaba las vendas y ajustaba las luces, Nhem Ein mentía a los prisioneros recién llegados diciéndoles «yo sólo soy un fotógrafo;. Yo no sé nada«. Fotografiaba a cientos de personas al día, procesaba las películas durante la noche para luego adjuntarlas a los expedientes individuales, hacia pues una descripción minuciosa de la terrible realidad de los campos de la muerte desde el interior de su cuarto oscuro aislado. Tuvo cuidado de no dejar que los gritos de las cámaras de tortura perturbaran su sueño, porque tenía que levantarse temprano para fotografiar la siguiente tanda de prisioneros, recordó más tarde. Como dice Arendt de Eichmann, que fue la banalidad de la maldad personificada, y como Eichmann, Nhem Ein argumenta que él simplemente hizo lo que se le pedía.
Dicho esto, la vida definitivamente no era fácil y menos trabajando para Pol Pot. Cuando Nhem Ein accidentalmente daño un negativo de la visita de Pol Pot a China – había manchas en los ojos del líder – fue enviado a una granja de la cárcel. Se salvo solo por convencer a sus interrogadores que la película había sido dañado antes de que le llegara a sus manos, Nhem Ein se salvó de la suerte de miles de personas cuyos retratos él mismo había tomado.
Los negativos originales de Nhem Ein fueron dejados atrás en el interior de S-21 después de la caída de los jemeres rojos. En 1997, dos fotógrafos, Douglas Niven y Chris Riley, descubrieron unos 7.000 de ellos en la S-21 y 78 de ellos publicados en un libro llamado «Los gritos del silencio.» La identificación de ellos es casi imposible.
La siguiente foto, sin nada fuera de lo común en apariencia, se tomó sobre suelo alemán, apelando a los contrarios al régimen nazi a que tomasen la misma actitud que uno de los hombres de la foto. Esta fotografía hizo famoso a August Landmessser, aunque la identidad de este hombre se supo mucho después.