Es la tercera ocasión en que las ondas creadas por un evento de magnitudes inimaginables alcanzan al observatorio. El evento se originó a unos 3,000 millones de años luz de la tierra cuando colisionaron dos agujeros negros.
Los antiguos romanos fueron insaciablemente creativos creando espectáculos mortales. Entre los actos más atroces de aquella sociedad el parricidio destacaba como uno de los peores, la acción de asesinar a un padre se castigaba de una forma verdaderamente espectacular.
Lo que llegó a ser conocido con el mote de “Ejército Fantasma” (Ghost Army) fue un pelotón integrado por 1,100 soldados estadounidenses que emplearon cañones, tanques, camiones y toda una variedad de vehículos inflables, así como trucos con efectos de sonido e ilusiones para engañar, confundir o intimidar al ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial.
Charles Fort es un personaje que aparece frecuentemente cuando se investiga la historia de acontecimientos extraños. Su incesante investigación sobre todo aquello que era raro e inexplicable durante la primera mitad del siglo XX se convirtió en el marco de referencia para un creciente grupo de seguidores que en el futuro promovería su trabajo y su nombre. Gracias a esto, en nuestros días los incidentes de naturaleza peculiar se catalogan con el nombre de “forteano”, un término acuñado y reconocido por los expertos en el tema.
Al comienzo se creó la luz, y la Tierra quedó libre de las tinieblas, se creó el cielo y después los mares, finalmente el mundo fue poblado por animales de todo tipo. Pero la oscuridad jamás dejó de existir, quizá la colocaron en lugares inesperados. Sitios muy por debajo de nosotros o dentro de algunas personas.
Miau miau, polvo de ángel, krokodil, flakka y NBOMe son algunas de las nuevas sustancias psicoactivas, drogas de diseño, replicadas en laboratorios clandestinos alrededor del mundo que tienen en vilo a las autoridades. Principalmente populares entre los jóvenes, se trata de drogas sintéticas que buscan reproducir los efectos de drogas populares como la marihuana, heroína y cocaína, pero con un detalle oculto: son sustancias mucho más poderosas que las originales, con efectos secundarios sumamente dañinos para la salud de los consumidores. Para empeorar las cosas, debido a la novedad existen pocos estudios científicos que determinan sus efectos a largo plazo.