La paciencia es una gran virtud
“¿Dónde estoy?”. Suspiré mirando sobre la pantalla de la laptop a Samanta, mi extenuada esposa. “Qué bueno que despertaste. Este es nuestro hogar”. Cerré la computadora por completo y la dejé sobre el buró. “Aquí hemos vivido durante veinte años, Samanta”.
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