Marcianos pone a tu disposición la curación de contenidos del editor. En nuestros Especiales encontrarás algunos de los mejores artículos publicados en este blog. Y hablamos sobre cualquier tema que merezca la pena ser reseñado: personajes históricos, criminales, genios, guerras, etc.
Un estudio reciente a casi 2,000 especies de plantas y animales descubrió el movimiento hacia los polos a un ritmo promedio de 3.8 millas (6,1 km) por década. Del mismo modo, según el estudio de especies en zonas de la alta montaña demostró que se mueven verticalmente a una velocidad de 20 pies (6,1 m) por década desde la segunda mitad del siglo XX.
2.- Emisiones de metano de los animales.
El metano es un gas de efecto invernadero muy potente, clasificado justo detrás de CO2. Cuando la materia orgánica es degradada por bacterias en condiciones de deficiencia de oxígeno (descomposición anaeróbica) el metano se produce. El proceso se lleva a cabo en los intestinos de animales herbívoros, y con el aumento en la cantidad de la producción ganadera concentrada, los niveles de metano en la atmósfera están aumentando.
Como en muchas otras mitologías, el mundo griego -y aquí incluimos el romano- también nos transmitió su visión de un lugar oscuro, tenebroso y que infundía mucho miedo, a donde las almas, una vez abandonada la vida, debían morar: el Inframundo o reino de Hades , que por asociación del nombre de su amo y señor también se le conocía de la misma manera: el Hades .
Jack Churchill fue un comandante aliado en la Segunda Guerra Mundial, y un ávido fanático del surf, el capitán Jack Malcolm Thorpe Fleming Churchill también conocido como «Fighting Jack Churchill» alias «Mad Jack» era básicamente el «sanababich» más loco de toda la guerra.
Se ofreció voluntariamente para el servicio de comandos, en realidad no sabia lo que implicaba, pero sabia que sonaba peligroso, y por lo tanto, divertido. Él es mejor conocido por su frase «cualquier oficial que entra en acción sin su espada no está bien vestido«, por cierto, esa era su arma favorita, estamos hablando de una espada en la Segunda Guerra Mundial. Jack llevaba consigo una espada claymore, me imagino que bendecida por Chuck Norris porque se le atribuye la captura de un total de 42 alemanes y una escuadra de morteros en el medio de la noche, usando solo su espada.
Yogendra Singh Yadav fue miembro de un batallón de granaderos en India durante un conflicto con Pakistán en 1999. Su misión era subir la «colina del Tigre» y neutralizar los tres bunkers enemigos en la parte superior. Desafortunadamente, esto significa subir una acantilado escarpado de treinta metros de hielo sólido. Ya que el grupo no quería subir de uno en uno con piolets, decidieron enviar a un hombre que sujetara la cuerda a las rocas por su paso y así los demás podrían subir de una forma más rápida (y marica). Yadav se ofreció voluntariamente para tal ejercicio.
A mitad de camino sobre el acantilado de hielo, los enemigos apostados en un monte adyacente abrieron fuego disparando con un RPG, y luego rociadolos de balas con un rifle de asalto. La mitad del escuadrón murió, entre ellos el comandante, y el resto se dispersó de forma desorganizada. Yadav, a pesar de ser herido tres veces, seguía subiendo.
Muchas personas se sentirán familiarizadas con la imagen superior, y es que el Gobierno Federal a través de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) lanzó una campaña para sustituir los tradicionales focos incandescentes por los célebres focos ahorradores. Y cuando hablamos de «sustituir» no nos referimos a una campaña temporal, se estima que para el 2014 en todo México no habrá más focos incandescentes en el mercado.
Esta iniciativa es parte de los compromisos establecidos por México en 2010 durante la Cumbre Mundial del Cambio Climático, se estima que existen 47 millones de focos incandescentes en el país mismos que serán reemplazados por lámparas incandescentes compactas.
La intención es muy buena, algunos de los beneficios de los focos ahorradores son un menor consumo de energía, mayor duración y una menor cantidad de calor generada. Pero las lámparas incandescentes compactas, además de su alto costo, esconden desventajas que simplemente opacan a todos los beneficios que pudieran llegar a tener.
Lejos de la actuación profesional diversas personas han adoptado identidades que no les pertenecen, incluso con títulos falsos y extrañas historias para respaldarse. Sus motivaciones no siempre han sido económicas: se han apropiado de existencias ajenas que les dan ‘color’ a sus vidas.
La identidad personal es un área que ha intrigado a filósofos, psicólogos y literatos de todas las épocas. El filósofo judío Martin Buber (1878-1965) sostuvo que «en este mundo cada persona representa algo nuevo, algo que no ha existido todavía, algo único y original«, por lo que «es deber de cada uno saber que nunca ha existido en el mundo nadie semejante a él, porque si hubiera existido alguien semejante a él, ya no sería necesaria su existencia«. Esa identidad, ese sentido del ‘yo‘, es lo más íntimo de cada persona; se construye mediante un proceso social y depende del papel que el sujeto decida desempeñar en su medio.
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Pero, ¿qué pasa cuando alguien renuncia a su identidad para adquirir otra? Es un fenómeno más amplio de lo que parece y abarca expresiones tan diversas como la reasignación de género o la aculturación. También puede tratarse de una caprichosa reinvención personal -el sujeto dice ser quien no es porque prefiere ser otro-, o de un delito, cuando una persona suplanta a otra por intereses materiales. Las historias de suplantación y robo de identidad han sucedido a lo largo de los siglos y las sociedades. Aveces cabe considerarlas meros crímenes; otras, la expresión de una profunda necesidad psicológica. El inventario de casos que se presenta a continuación ejemplifica esta diversidad de propósitos y evidencia uno de los ejes conceptuales de la posmodernidad: la identidad es un proceso móvil y activo, la persona puede adquirir un nuevo significado ante sí misma y ante los demás, para concluir, empleando el título de un libro del autor italiano Luigi Pirandello (1867-1936), que todos somos «uno, ninguno y cien mil«.