Una llamada del despacho de cobranza
“Buenas tardes, ¿me podría comunicar al señor Henderson?”. No había razón alguna para que respondiera esa llamada, la aplicación anti-spam en el teléfono identificó inmediatamente el número como desconocido. Pero qué diablos, en mi vida no existía nadie más para conversar. Incluso el empleado más irritante de un despacho de cobranza parecía una mejor opción que el silencio.

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