La tradición de los Nueve Desconocidos se remonta a la época del emperador Ashoka, que gobernó la India desde el año 273 a.C. Fue el nieto de Chandragunta, el primer unificador de la India. Tan lleno de ambición como su antepasado, su tarea sería completar su legado. Así emprendió la conquista de Kalinga, que se extendía desde la actual Calcuta hasta Madras. Los «kalinganeses» resistirían la invasión y perderían a cien mil hombres en batalla. El espectáculo de tanta gente masacrada trastornó a Ashoka.
Sobre la calle de Bolívar, a mediados del siglo XVI, existía un edificio de dos pisos. Se trataba de una construcción muy conocida en la ciudad de la Nueva España porque era el lugar de los Oidores, o sea, los funcionarios del Santo Oficio. Y para tener una idea de lo que se hacía en este lugar, basta con decir, que aquí se acordaban los castigos que se les daría a los herejes, brujos y relapsos.
Francisco de Goya Tribunal de la Inquisición
Estos hombres eran perversos e imaginativos, pues de ellos dependía la supuesta tranquilidad del país. Bajo este pretexto, estaban sedientos de torturas que imponían a todas aquellas personas que profesaran una religión contraria a la católica o que practicaran métodos curativos que eran calificados como brujería.
Otra de las canalladas del llamado Santo Oficio era que a menudo reprendían a aquellos que lograban hacer una fortuna a base de su trabajo, siendo esto utilizado como un instrumento para desposeerlos de todo, ocasionando con ello, que muchos prefirieran donar sus bienes al clero antes que ser ejecutados injustamente.
Kudan o Gudan es un monstruo (youkai – entidad – duende) conocido desde la antigüedad en Japón. Sería una criatura medio humana medio bovina, y en la antigüedad habría tenido el cuerpo de un toro con un rostro humano, pero desde la Segunda Guerra Mundial, surgió la idea de que el monstruo también podría tener el cuerpo humano con cabeza de vaca.
Existen relatos de la época Bakumatsu, (1853-1869) de vacas pariendo al Kudan, que luego de nacer, tendría la facultad de hablar, pero moría en seguida. El contenido de las palabras del Kudan macho eran predicciones de terremotos, la pérdida total de las cosechas, epidemias devastadoras, guerras y otras desgracias terribles, cuyas predicciones fueron tomadas como absolutas, sin embargo, remediables si se encontraba a un Kudan hembra nacida simultáneamente en otro lugar de la región y esta pronunciaba un conjuro que anulara la previsión del Kudan macho, o daba una solución para evitar la tragedia.
En una película llamada «13 Fantasmas» podemos encontrar un tipo muy diferente de zodiaco al que estamos acostumbrados, lo llaman el Zodiaco Negro y cada uno de los signos se convierte en una versión horripilante del normal. A cada signo le pertenece un fantasma, según el zodiaco, de modo que cada uno de ellos murió y sus características tienen relación con la persona nacida en la época del año en que estos dejaron de existir.
El parque encantado y la chica fantasma. Una leyenda japonesa que hace referencia a un misterioso parque de diversiones real. Takakonuma Greenland, situado en Hobara en Japón, una localidad próxima a Fukushima, (sitio devastado por un tsunami, mismo que causó accidente nuclear en 2011).
En 1973, los parques de atracciones se habían convertido en los lugares más populares en Japón, la tendencia era de: personas que se divertían y empresarios limpiando cada centavo de cada niño y adulto. Era algo muy lucrativo para la época, sin embargo, echar a andar un parque no era barato, ni lo es todavía.
Makoto era un empresario que tenía un «sueño». El miserable infeliz deseaba construir un parque de diversiones, pero no tenía dinero.
La leyenda dice que Makoto buscó la ayuda de un poderoso Oni conocido como Amanojaku. Por si no lo sabes, un Oni es una especie de demonio en Japón y Amanojako es un poderoso y malvado demonio que tiene la capacidad de despertar y realizar los más oscuros deseos de una persona.
Trata de un hombre que vivió en tiempos de la Revolución de 1910. Dos o tres veces al día, cuando el hambre lo acosaba, bajaba la escalera de su casa y se abría el pesado zaguán, hermético por el resto del día.
Rápidamente cambiaba unos centavos por atole y tamales o bien por nopales y tortillas, según la hora, y sin cruzar palabra con nadie, volvía otra vez a su encierro. La gran puerta de madera dejaba oír el crujido de sus goznes herrumbrosos, para continuar irremediablemente cerrada.
Era el «usurero del Baratillo«, como dio en llamarle la gente del pueblo. Hombre enjuto, de mirada extraviada, blanco, estatura regular, bigote y piocha que dejaban ver evidentemente un rostro sin afeitarse. Vestía pantalón negro y camisa que se suponía blanca en otros tiempos.