Entretenimiento

Las hadas de Neville Colmore

Las hadas de Neville Colmore (14)

Un aventurero, inventor y fotógrafo escocés llamado Neville Colmore afirmó haber construido un dispositivo capaz de «… desprender el velo de las hadas …». El dispositivo, que él llamó «Spectobarathrum«, producía hermosas placas fotográficas a las que llamó «fatagravures«, mediante de un proceso perdido. El «Spectobarathrum» original, junto con todas las imágenes que él afirmaba haber tomado se creía destruido en un incendio.

Estas imágenes asombrosas no se deben confundir con un trabajo posterior, y más familiar, las fotos de Cottingley del jardín de hadas basadas en la película de 1998 «Fairy Tale – A True Story». Las fotografías de Cottingley fueron publicados alrededor de 1918. Estas se publicaron en 1890. Se presentaron en conferencias científicas y, en general ignoradas.

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Las victimas de Dexter

victimas dexter

Dexter es por mucho uno de los asesinos favoritos de la televisión, su estilo tan peculiar pero sobre todo su sed de justicia por mano propia lo hacen atractivo para el publico.

Pero, en todas estas temporadas, ¿a cuantas personas a despachado Dexter?, la pregunta sin duda es muy difícil de responder, una respuesta accesible solo para los verdaderos fans porque el asesino de asesinos parece nunca descansar en busca de su próxima victima. La infografía a continuación ofrece una respuesta «detallada» del asunto.

Cuando decimos detallada, es en verdad detallada, además de contabilizar las victimas totales del amante de la sangre, las divide en temporadas, la arma que se utilizo para asesinarles, los muertitos que debían, el nombre, la razón de la muerte, si se trataba de algún dueto o si fue una muerte indirecta.

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El Señor Pakal

El hombre de Palenque, conocido también como el señor Pakal.
El hombre de Palenque, conocido también como el señor Pakal.

La historia de este ser se remonta unos 12,000 años, en el corazón de la civilización maya. En 1949 el arqueólogo Alberto Ruz de L’huiller descubrió en un templo, bajó una escalera de cuarenta y cinco escalones, un sello oculto que daba a una gran piedra triangular. Alberto Ruz de L’huiller comprendió que iniciaba un verdadero descubrimiento.

En la parte inferior observó una zona rellena de pedruscos y cal, al abrir dicho hueco pudo asomarse y ver lo que contenía la espaciosa cámara: una espectacular cripta con una gigantesca lápida tapando el sarcófago donde yacía el señor Pakal.

La lapida tenía unas medidas de 3.80 metros de largo, 2.20 metros de ancho y un espesor de 25 centímetros, con un peso aproximado de 5 toneladas.

Es posible imaginar la emoción del arqueólogo, después de tantos meses de trabajo y de sortear dificultades de todo tipo, al contemplarla, teniendo en cuenta que era el primer hombre que, luego de siglos, tenía acceso a ella.

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Los perros del rancho

perro

En el rancho llamado La Valentina vivía una familia formada por el señor Miguel, su esposa, sus hijas María, de dieciocho años, y Juana, de doce. El hijo mayor había estudiado medicina veterinaria en la ciudad de México y al concluir sus estudios regresó a vivir con sus padres para hacerse cargo del ganado.

Algunos trabajadores dormían cerca de las caballerizas. La ordeña comenzaba a las tres de la mañana y en el rancho había movimiento desde la madrugada.

Ocasionalmente trabajaban en el rancho los sobrinos del señor, quien más que darles trabajo, los aceptaba por que eran hijos de su hermano mayor, a quien nunca le había sonreído la fortuna, seguramente porque le gustaba apostar y bebía demasiado, lo que sus hijos habían aprendido desde muy pequeños.

A veces llegaban a trabajar borrachos y habían llegado al extremo de pelear casi a muerte entre ellos. Más de una vez dispararon a los trabajadores y en sus múltiples enfrentamientos varias veces salieron lastimados seriamente. El mayor, que era el más agresivo, cojeaba de una pierna y estaba siempre de mal humor. Don Miguel y su familia no los querían mucho, pero se sentían comprometidos a ayudarlos, pues nadie, conociéndolos, aceptaba emplearlos.

Las cosas empeoraron con la llegada de Vicente, el hijo mayor, al que sus primos, desde pequeño, le habían tenido mucha envidia. El joven, de carácter tranquilo, ignoraba sus comentarios sarcásticos y sus burlas, y jamás cedía a sus provocaciones.

En el rancho había tres perros, dos de raza pastor alemán, de más de once años de edad, y otro que algún día llegó de la calle. Así, la vida transcurría en aparente tranquilidad.

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