Cualquier cosa, yo te llamo
El calor nocturno estaba insoportable, incluso para ese verano tan sufrido, aquel viernes estaba siendo realmente cruel. No había ni una sola gota de brisa que me acariciara el rostro. No tenían ni ventilador, solo un aire acondicionado que arrancaba cuando le daba la gana. El verano, ese clima del carnaval, las copas y las latas de cerveza vacías, aquella risa alta y las conversaciones llenas de provocación hicieron que por poco me olvidara que era una persona en recuperación.

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